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Restaurante

¿Qué es L’EAU VIVE?

Una Eau Vive: ¿es como una escena del Evangelio?

“En la Eau Vive están los discípulos, está la gente, están aquéllos que creen, están aquéllos que no creen, están los pecadores, están los grandes pecadores, están los niños”.

“En la Eau Vive están aquéllos que sufren y los que vienen para ser consolador. Están los que dudan y los que vienen buscando una certeza. Están aquéllos que se sienten perdidos y que vienen para encontrar el recto camino”.

“En la Eau Vive se está sentados alrededor de la mesa como un tiempo estuvieron sentados en el prado, en pequeños grupos que esperaban los panes y los peces que habían sido multiplicados para ellos”.

“Alrededor de las mesas uno habla, abre el corazón, descarga el peso de los propios problemas”.

“En la Eau Vive reina la alegría, el espíritu de familia, es un momento de relax, de vacaciones. Vienen ganas de exclamar: ¡Qué bien se está aquí!”.

“En la Eau Vive se degustan platos refinados, una cocina internacional. Y quienes sirven son de todas las razas y todos los colores. Son vírgenes cristianas, parecidas a las primeras vírgenes romanas”.

“Y cuando hablan de Cristo dicen: “Es mi Prometido, mi Esposo. Tiene todo mi amor. No tengo nada mío”.

“Los clientes alrededor de las mesas se sienten como en casa en la Eau Vive. Y es a la Eau Vive donde invitan a los amigos y en la Eau Vive celebran las fiestas familiares”.

“En la Eau Vive se es siempre acogido, uno se siente comprendido, se siente amado”.

“En la Eau Vive se percibe la potencia de Jesús, porque en la Eau Vive está la Virgen María, como en Caná”.

“Ella está siempre”.

“La Madre de Jesús, la Madre del Salvador, la Madre de Dios”.

L'Eau Vive en Roma: un'anellitto cadena de Restaurantes L'Eau Vive en el mundo.

"El Agua Viva
es Dios quien nos la da.
El Agua Viva
es un don de Dios,
y este don,
este regalo que no tiene precio,
es Dios mismo".


P. Marcel Roussel



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"Quisiera… conduciros a un lugar lleno de paz… Este remanso de paz es lo que se espera hallar en nuestro restaurante, aunque podría no ser así. Si uno llega a conocerlo, vuelve. Si no lo conocía, queda sorprendido. Nunca queda decepcionado.

¿Por qué? Porque aquí convergen aspectos que se encuentran en el Evangelio, en la vida del Señor. Aspectos que no es extraño hallar en la vida de Jesús, pero que nos sorprenden en la nuestra. Se da la convergencia entre lo humano y lo divino, entre el obrar del hombre y el de la Gracia de Dios, entre lo real y lo invisible, entre el compartir la Creación y la novedad de la Redención.

Nuestro restaurante se llama “Eau Vive”, un nombre bastante curioso incluso para un francés. ¿Indica l’Eau Vive una especie de nombre-trampa? ¿Encierra cierto humorismo francés? ¿Indicaría una especie de interrogante para quien entra a calmar su hambre o su sed… “Amigos, qué tipo de hambre, qué tipo de sed tenéis”? En todo caso, l’Eau Vive nos invita a interrogarnos sobre nuestras necesidades más profundas.

El concepto Agua Viva no puede entenderse sin una referencia a la Samaritana, que en el pozo de Jacob se encontró a mediodía con un Jesús cansado que le pedía de beber mientras sus discípulos se aprovisionaban de comida. Antes de que la mujer atienda la petición de su inesperado huésped, éste le habla de una Agua Viva que calma toda clase de sed y que da la vida eterna. Imaginemos a esta mujer de Samaria, que urgida por sus deberes familiares se acerca al pozo para llevarse agua a casa, y sin embargo se encuentra ante una relación insospechada entre satisfacer la sed de un hombre y recibir el don del Agua Viva.

La hora del encuentro, el mediodía, indica no sólo un momento oportuno para compartir el agua, sino sobre todo el momento del encuentro con Cristo que la mujer necesitaba. “L’Eau Vive” de Roma vive cada día esta página del Evangelio. Vive igualmente otros episodios: el de Caná, donde el vino bueno representa un camino de fe; el de la multiplicación de los panes donde está prefigurada la Eucaristía; el de los discípulos de Emaús, cuando el forastero que en la aldea parte el pan revela a Cristo Resucitado, presente en nuestros caminos; el de la mañana nebulosa en el lago de Tiberíades, cuando las redes vacías se llenaron sorprendentemente de peces, y los apóstoles reconocieron al Señor que les preparaba una comida sencilla con pescado a la brasa.

¿Entendéis por qué l’Eau Vive no es un restaurante como los demás? En él, vosotros no sois simplemente acogidos, sois atendidos, vuestras mesas son mesas de amigos. No hay camareras, ni delantales blancos, sino que os sirven las hijas del Rey, según el salmo 44, vestidas con los vivos colores de todos los continentes. Ellas son conscientes de pertenecer a este Rey y de ofrecer un servicio de parte del Rey a cuentos se sientan en sus mesas, aunque no siempre sepan que también ellos tienen vocación de reyes y de reinas en el Cielo. Ellas no son religiosas; definiéndose como “Trabajadoras Misioneras de la Inmaculada”, son vírgenes cristianas congregadas en una familia espiritual que se ofrece al Amor Misericordioso. Asuman libremente vivir en una comunidad formada por miembros de diversas razas y culturas y se proponen propagar la luz de la Fe en todas las manifestaciones de nuestra sociedad moderna e industrializada. Con esta finalidad gestionan restaurantes abiertos a todos, que se llaman “Eau Vive”, evocando las palabras de Jesús a la Samaritana. De esta manera se proponen participar en la evangelización del mundo por medio de la oración y de su testimonio.

Os preguntaréis ¿y la cocina? Podemos asegurar que el perfil espiritual de estas mujeres no limita en absoluto sus habilidades y cualidades culinarias, más bien al contrario, las empuja hacia la búsqueda de una siempre mayor competencia y hacia una renovada voluntad de contentar a todos.

Aún no hemos hablado de una actividad sorprendente y esencial en todos los Eau Vive del mundo. Al final del día, cuando la cena se está acabando, irrumpe de manera improvisada una música que sorprende y emociona; algo así como una palabra celeste aunque muy cercana y amiga; pronto se reconoce que se trata del canto del Ave María de Lourdes, que nos revela que la Madre tiene algo que decirnos; aquí nos sentimos cerca de ella que habla a sus hijos; los comensales son invitados a acoger una palabra, a responder a una propuesta, a orar juntos y a cantar con actitud de niño, aunque la vida nos esté golpeando. Es emocionante, es el recuerdo más hermoso que uno se lleva de l’Eau Vive; más allá del arte que se pueda apreciar, se hace experiencia del nuevo arte de vivir la dimensión profunda y esencial de nuestras reuniones y de nuestros intercambios.

“En esto radica sin duda el éxito de su restaurante… Allí donde corre l’Eau Vive, se hace presente al hombre que no se vive sólo de pan”

Un amigo de l’Eau Vive